¿Por qué nos cuesta dejar de engordar?

2012-04-10
"La sobrealimentación no es un defecto de la personalidad, un deseo de regresar al útero materno, un sucedáneo del sexo o una compensación por la pobreza."Reflexionamos sobre nuestro comportamiento hacia la comida desde los inicios de nuestra especie.

    En una sociedad cuyo principal problema de nutrición es la obesidad, sin embargo ésta, es sólo el espectro de una forma de hambre encubierta, porque nuestra necesidad y apetito de comida son el resultado de dos millones años de selección positiva, de la facultad no solo de comer, sino de comer en exceso. Sentimos un deseo irrefrenable de comer, pero disponemos también de algunos controles internos que reducen nuestro apetito.
 
    La fisiología y el comportamiento humano se adiestraron  durante años para provechar los alimentos disponibles, en relación a los cuales, los individuos gastaran el mínimo esfuerzo. Durante la mayor parte del tiempo que los homínidos llevan sobre la tierra, no ha sido el “alimentostato” lo que les ha impedido engordar, sino la falta de comida, que sirve de entrenamiento al organismo para mejorar su eficacia como máquina energética, la capacidad de éste para convertir con mayor eficacia la comida en energía cuando se ingiere una cantidad reducida de calorías.
 
                          Humano comiendo
 
      Lo verdaderamente notable de la incidencia en la obesidad de la época moderna es que persiste, pese a las modas y los cánones estéticos que menosprecian a los obesos, pese al gran esfuerzo educativo emprendido por las autoridades sanitarias para relacionar la obesidad con las enfermedades  cardiovasculares y pese a las industrias multimillonarias dedicadas a la salud, la comida dietética y el control de peso. Puesto que la mitad de la población adulta de las naciones occidentales sigue una dieta, puede concluirse con que el “alimentostato” no funciona bien en las circunstancias actuales.
La capacidad de convertir la energía alimentaria excedentaria en grasa almacenada (el 98% de las calorías que no son necesarias para funciones metabólicas inmediatas) es una herencia biológica conformada por la experiencia de los homínidos durante toda la época preindustrial, causada por conflictos bélicos y naturales tales como sequías, heladas y terremotos, sino también pos los periodos cíclicos de privación de alimentos debidos a la escasez estacional de animales de caza o vegetales, recolectados o cultivados. Cuando termina la temporada de hambre, las personas no se limitan a recuperar el porcentaje medio de consumo de alimentos,  sino que van aparejados a los rituales de sobrealimentación. Se siguen pautas de ayuno y festín esporádicos mezclados con periodos ocasionales de hambre prolongada, constituyendo así un ritmo regular de escasez y abundancia.
 
                Cuevas Altamira
 
    Desde el punto de vista de las calorías, los banquetes modernos asociados a fiestas, bodas, etc. son simples ocasiones para elevar los niveles de consumo, pero ya para nuestros antepasados de la Edad de Piedra, festejar consistía en almacenar grasas y esto suponía sobrevivir a la siguiente helada, sequia o periodo de hambre.
 
      Durante mucho tiempo se ha culpado a las víctimas de la obesidad de su propia enfermedad. La sobrealimentación no es un defecto de la personalidad, un deseo de regresar al útero materno, un sucedáneo del sexo o una compensación por la pobreza. Antes, al contrario, constituye un defecto hereditario en el diseño del organismo humano, una debilidad que la selección natural no pudo evitar. Aprovechar todas estas oportunidades de comida, con el mínimo esfuerzo, se convirtió en el orden del comportamiento humano, de sus impulsos, de su biología. Y hoy, cuando la comida está al alcance de la mano, el impulso manda comerla y el impulso manda descansar y ahorrar energías. Por lo que tal vez la gula y la pereza sean trazas fisiológicas genéticas heredadas de aquellos tiempos.
Pero nuestra fisiología no está preparada para la abundancia permanentemente, solo con el recurso de los discursos mentales elaborados, conseguimos auto-disciplinarnos. Con esta genética, este ahorro  fisiológico, la abundancia, la pereza natural, la obesidad se instaló y se transformó en una epidemia.
 
      Los investigadores norteamericanos Herman y Janet Polivy hicieron un estudio en el que observaron que las personas que están crónicamente privados de comida, tienen una contra-regulación a causa de la dieta permanente. Concluyeron su investigación alegando que la mayoría de las veces, es la restricción la que causa la compulsión, puesto que crea una inestabilidad que se manifiesta en forma de hambre permanente, por insatisfacción y por sensación de no estar saciado.
 
    En este mundo de sobre producción, la conciencia del yo, del cuerpo y de sus límites, se torna un reflejo de defensa. Es así que, a la par que el consumismo, nace el autocontrol, la resistencia  a las grasas, donde la obesidad, puede ser el espejo de nuestra falta de control.
 
 
 
 
 
 
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